sábado, 6 de noviembre de 2010

El Stop and Go y la Inflación

Una nueva edición de este pasquín irregular nos trae hoy nuevamente un tema ya tratado un poco en otros posts: acá y acá. Sin embargo, hoy se lo aborda en una de sus consecuencias más importantes, probablemente la que lo convierta en un tema tan central de la economía en América Latina en general, y en Argentina en particular. Sí, señores: El Stop and Go y la Inflación.

¿Qué es y por qué es tan importante entender el Stop and Go?
Empecemos por repetir brevemente qué es este fenómeno. Básicamente, se trata de una insuficiencia de divisas que le provoca a un país una crisis en su balanza de pagos. No se tienen suficientes dólares para hacer frente a todos los pagos en moneda extranjera que se tengan que hacer. Entonces uno se ve obligado a devaluar, para que la moneda propia valga menos, o sea la cantidad de dólares que tenemos valga más... ergo: uno pueda pagar lo que tenía que pagar.

En nuestra historia estuvimos marcados por este tipo de crisis desde la Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI, que arrancó más o menos en los ´30), hasta los inicios de la última dictadura. Pero hay un período que es muy curioso: el de Frondizi, ´58-´62.
Haciendo un poco de historia, Frondizi promovió muchísimo la industria automovilística y la extracción de petróleo. Esas fueron las dos actividades económicas por excelencia. La idea era que nos ahorráramos mucha mucha plata en divisas (VEINTE % del total de las importaciones) que compraban petróleo, firmando ahora contratos con la Standard Oil y demás cerdos capitalistas (y "Petróleo y Política" dónde lo metemos, Arturo?) para obtener el oro negro de nuestro propio suelo. Con esos dólares íbamos a financiar los bienes de capital e intermedios (insumos) para el desarrollo de la industria de automóviles.

Los contratos petroleros fueron en realidad un exitazo, más allá de la oposición política lógica, que el mismo Frondizi seguro habría llevado a cabo de ser otro el que estuviera en el gobierno. ¿El tema cuál era? Que nunca se podía financiar con la cantidad de dólares que teníamos una industria tan intensivamente importadora como la automovilística. En economía, eso se llama una industria de elasticidad de importación-producto mayor a 1 [para el que le interese (?)]. Esto es, cuanto más se desarrollaba la industria, más necesitaba importar. O que las importaciones crecían más que proporcionalmente que el producto. ¿Se nota la esencia cíclica "stop and go" de este fenómeno, de chocarse contra la pared cuanto más creciéramos?

Acá viene la semilla de todo el kilombo entero. La palabrita cursiva es justamente la clave. Lo que se necesitaba era política anticíclica, que desde el mismo inicio de la economía equivale a decir: inversión.

¿Inversión en qué? Bueno, esto era lo importante. Como sabemos, hoy en día muy buena parte del crecimiento económico del país en los últimos 7 años fue palanqueado por el agro y los buenos términos de intercambio que se le presentaron. Para seguir con la historia de Arturito, en aquellas épocas no tenían tanta suerte. La única entrada de divisas importantes al país eran las exportaciones de bienes agrícolas. Pero justamente el desarrollismo (Frondizi) como corriente se caracterizaba por una visión bastante pesimista (y en aquel entonces fundada) acerca de las posibilidades internacionales que se le pudieran presentar a un país en tanto proyecto de crecimiento. Entonces, ¿por qué cazzo no promovían a su vez inversión en el agro para que creara cada vez más divisas (como, mal que mal, intentó Perón desde el INTA)? O, si no tenían fe ni siquiera en que la productividad pudiera saltear el problema de los términos de intercambio, ¿por qué no generaban alguna otra fuente de divisas? Y como sinceramente no se me ocurre alguna otra, la pregunta de fondo en definitiva es cómo mierda pensaban sostener un proyecto así, cómo tipos de baleros tan grande lo creían viable. Esa es una duda existencial acerca del desarrollismo en Argentina que todavía no pude evacuar.

Si se quiere, a modo anecdótico y después de todo lo dicho, parece que Pinedo 20 años antes no había estado tan errado. Federico proponía distinguir industrias "naturales" y "artificiales". Las primeras eran aquellas cuya materia prima tuviéramos en el país. Por ejemplo, zapatos, con cuero nacional. Él sabía que las artificiales eran inevitables, pero quería promover las naturales. Lástima que no muchos lo escucharon en su momento; y bastante loco que ese tipo de promoción de industrias le daba solución a un problema que todavía no existía cuando Pinedo lo propuso, como este tipo de crisis de balanza de pagos.

Llegamos así a la cuestión que abordó Olivera en sus conferencias en el ´61 ("Inflación y estructura económica") y en el ´65 ("Monetarismo vs. Estructuralismo") y que trató también Diamand en el ´72, en el op. cit. (!!!) "Estructura productiva desequilibrada argentina y el tipo de cambio".
Olivera explica muy claro cómo el tipo de inflación que se genera por la estructura productiva de un país no es remediable con las recetas clásicas de restricción monetaria. Vamos por partes.
Hay dos corrientes que tienen explicaciones antagónicas acerca de la inflación. Resumidamente, la monetarista dice que la inflación se da porque un país crece más rápido de lo que "su economía" le permite. Una explicación monetarista diría que hoy en Argentina hay inflación porque crecemos al 10%, por arriba de lo que se llama "la tendencia", o sea lo permitido por nuestra economía sin que la cantidad de plata en circulación para satisfacer todas las transacciones de la economía genere inflación. La solución sería lo que se dice "enfriar la economía", o como dice Frenkel, "controlar la demanda", disminuyendo el ritmo (la tasa) de crecimiento.

La visión estructuralista dice que el consumo de bienes primarios (asimilable a "el crecimiento de la población") crece más rápido que la producción de esos bienes (ThomasMalthus.com). Esa es una causa de un aumento de precios de bienes agrícolas. Otra puede ser una devaluación, de las tantas que hemos tenido. Aumenta el precio de bienes primarios en el exterior, por lo tanto también aumenta por arrastre dentro del país. Entonces... como aumenta esa "canasta familiar" por alguna de esas dos razones (o las dos), aumenta el costo de vida. Al aumentar el costo de vida los empleados piden aumentos de sueldos. Ahora las empresas (mayormente industriales o servicios) tienen en general más costos porque tienen que pagarle más a los trabajadores, así que aumentan los precios de sus productos. Pero al aumentar los precios de estos productos industriales, los precios RELATIVOS de los productos agrícolas vuelven a bajar. O sea, vuelven a estar baratos con respecto a los productos industriales, entonces si no se quiere que eso provoque una caída en el volumen de esta producción exportable, hay que restablecer los antiguos precios relativos. Esto quiere decir que vueeeelven a aumentar productos agrícolas, y así recomienza el ciclo.

En definitiva, para esta segunda corriente, como se ve, todo el problema viene porque no se pueden ajustar los precios relativos, en constante desequilibrio. Hay "cuellos de botella" de la producción agrícola, o "estrangulamientos", similares (o análogos) a los de la balanza de pagos en el Stop and Go. En otras palabras, todo se solucionaría con cada vez más producción de bienes primarios, sólo alcanzable con inversión en el agro. Voilá, siempre se vuelve al primer amor.

Para ir cerrando, podemos comentar que Olivera concluye en realidad que en Argentina se dieron conjuntamente los dos tipos de inflación, pero que cuando se entraba en recesión, donde no debería haber inflación monetaria, no la había; pero sí seguían latentes las causas de la inflación estructuralista, por lo cual se tenía recesión con inflación. Esto es en realidad bastante lógico, considerando que las dos teorías coinciden en los hechos que generan inflación y se contraponen sólo en términos del sentido de la relación causal: que la inflación provoca la estructura productiva desequilibrada (monetarismo) o viceversa (estructuralismo). ¿Vieron que yo no desperdicio negritas? (see above). Son visiones antagónicas, pero no excluyentes.

Por último, las trigger questions: hoy en día en Argentina, ¿qué carajo está pasando? ¿Y qué va a pasar? La inflación que hay, además de precios y salarios, ¿es por estructura productiva? ¿Por crecer por encima de la tendencia? Y más interesante todavía, ¿la asistencia social junto con los pocos ingresos genuinos del quintal (20%) más bajo de la población llega a contrarrestar la inflación acumulada desde, pongámosle, 2003? En otras palabras, es saber si las clases más bajas son hoy más pobres o más ricas en términos reales que en 2003. Bah, o en una de esas, la inflación a ellos ni les afecta, comparándolos con las clases más altas. Si Boudou lo dice...

Hasta acá llegamos hoy. Largo y tendido, así que muchas gracias por leer. Será hasta la próxima.

martes, 26 de octubre de 2010

El FMI - Parte 3

¡¡Revivió!! Vuelve hoy la saga que nos cuenta las desventuras de la Argentina a la hora de endeudarse en el exterior. El post del día es una parte 3 de otros dos (claro) que hablan un poco de la deuda externa, sus orígenes, protagonistas y algo de los mecanismos. Hoy contamos un poco algunas cuestiones accesorias e irregularidades, sacadas del robado de la fecha: "La nueva deuda externa explicada a todos", de Calcagno-Calgano (padre e hijo), edición de Eudeba 2006.

1. El destino de los fondos: la bicicleta financiera

El argumento principal por el que se considera inútil y perjudicial a la deuda es el destino de los fondos. De hecho, si bien la experiencia general de América Latina fue bastante mala en este campo, Brasil por ejemplo aprovechó bastante mejor los caudales de dólares que le entraron por esta vía para armarse industrialmente. Acá de industria ni hablar.
Buena parte del ingreso de dólares por deuda se usó para fugar capitales. Muy buena parte, de hecho. El libro plantea una manera de entender el concepto de "bicicleta financiera" mechado (necesariamente, como lo exige su definición) con el de los autopréstamos que conformaban la deuda.
Hablamos de la "deuda vieja", que los autores presentan desde el ´76 hasta el ´90. Es simple: el país tenía una tasa de interés bastante más alta que la del resto del mundo, por lo riesgosos que éramos. De hecho el componente de nuestra tasa de interés que se determinaba por la "tasa de devaluación esperada" era lo que Martínez de Hoz quería hacer tender a cero. La famosa tablita cambiaria de Martínez de Hoz. En criollo: decir abiertamente cuánto se iba a devaluar, para eliminar esa variable de la ecuación, bajando la tasa de interés. Como es evidente, no lo logró por ir siempre atrás de la inflación.

En ese contexto Argentina exportaba muy poco (pocos dólares entrando por esa vía), pero de alguna manera había que saciar a las fieras sedientas de verdes, conocidas en el saber consuetudinario (!!!) como especuladores. Así que el Estado obligó a las empresas públicas a endeudarse en dólares. Un comentario simple que leí en algún otro momento de nomeacuerdoquién decía que endeudarse en el exterior era tan preciado justamente no tanto por el costo del crédito, sino porque esa plata te la daban en divisas. Con los autopréstamos fue así: no se necesitaba exactamente que entrara plata, sino que la plata que entrara fuera en dólares. ¿Para qué? Bueno, así aprovechaban la tasa de interés de acá, convertían a U$S, lo depositaban en el exterior y con ese depósito como garantía, obtenían nuevos créditos de bancos extranjeros. Esos nuevos créditos los ingresaban al país como deuda externa (privada), aprovechaban la tasa de interés internacional, convertían a dólares... and so on. Con ustedes, la bicicleta financiera.

2. Entender la convertibilidad

La otra etapa de la deuda que plantean los autores es la deuda nueva: la de la década del ´90. La diferencia fundamental es que en la deuda vieja se usaron los fondos básicamente para fugar capitales y para importaciones superpoderosas no declaradas. La deuda nueva, en cambio, era para sostener un modelo entero de crecimiento. La convertibilidad sin deuda no podía vivir.

Esto era así: por el tipo de cambio fijo se volvían más favorables las importaciones, que empezaron a crecer mucho más rápido que las exportaciones y que además tocaban techo en años de alto crecimiento. Se arranca por ese déficit en la balanza comercial. Un flujo de capitales tenía que cubrirlo. Se contrae cada vez más deuda, que empieza a generar comisiones, dividendos o lo que se llama "servicios" de la deuda: básicamente los intereses del capital que pedíamos prestado. ¿Pero qué pasaba? Los intereses que se acumulaban eran tales que no había manera de pagarlos con las pocas exportaciones que teníamos, así que necesitábamos más plata que sólo podía entrar como nueva deuda/inversión extranjera directa... para cancelar intereses de deuda anterior. Ahora teníamos que cerrar dos déficit: el comercial y el de pagos. Obviamente esto tiene el límite de cuánto signifique tu deuda en tu economía, o el coeficiente deuda/PBI. En 2001 fue que ese numerito nos condenó y nos dejaron de prestar.

Vale hacer dos aclaraciones: primero que el discurso oficial era que los capitales extranjeros iban a ayudar a modernizarnos y así dar el salto tecnológico que nos permitiera algún día exportar lo suficiente para bancarnos con nuestras propias divisas. Pero eso nunca podía pasar si la deuda ya tenía destino pensado antes de contraerse y ese era tapar el bache en la balanza comercial y de capital y financiera.
Y segundo, que esa forma de "inversión" que podían tomar los capitales foráneos iban, en realidad y a lo sumo, al sector de servicios que es no transable, que no exporta. No podía funcionar nunca la estrategia oficial. Y Nótese el detallito de ser justamente estos sectores los más protegidos por reservas de mercado bastante turbias que datan desde la dictadura; de ser esos los que más plata evadieron y, los que eran estatales, ser esos los activos más rentables que se privatizaron. Todo tiene que ver con todo.

Para cerrar, una pregunta fundamental: ¿qué tenía de tan perjudicial la convertibilidad en términos de su naturaleza (además de en términos de su funcionamiento, que vimos) respecto de la deuda?

Esto es simple: en un sistema sin convertibilidad si no hay dólares suficientes para satisfacer la demanda, se puede devaluar. Esto si de hecho la flotación sucia (juego de oferta y demanda con intervención del central) no hizo ya que el mismo precio del dólar disuada de comprarlo.
Ahora, con convertibilidad ¿qué pasaba? Los déficits los financiábamos, mientras podíamos, con deuda, porque no podíamos devaluar. Pero cuando por alguna razón se cortaba el chorro (como en la crisis del Tequila) la salida era una recesión bastante dura. En cambio con devaluación permitida la recesión duraba mucho menos y se acomodaban los precios relativos bastante más rápido. El costo y la duración de estos dos tipos de crisis los explica Andrés Tavosnanska, un economista de la UBA, en un texto bastante oportunamente titulado "Del stop and go al go and crush".

Hasta acá llegamos hoy. Para otro momento, si pinta, las irregularidades jurídicas de la deuda. Hasta la próxima!

martes, 19 de octubre de 2010

La Santa Trinidad

Nunca se está seguro de muchas cosas en la economía. En la política a uno no le queda otra que sonar/actuar convencido, así que es más apariencia que convencimiento genuino. Y en la historia.. bueno, la historia en ese sentido yo diría que es la más pura de las 3: es la que más herramientas tiene para justificarse, lo cual parece lo más lógico, siendo la que representa al pasado. Si se quiere, la política podría el presente y la economía el futuro, mal que me pese. Sería "el ámbito donde se pretende que se desasarrolle cada una"... o algo así.

Es muy interesante y se puede hablar 3 días seguidos de cómo se complementa la Santa Trinidad. Que no está bien delimitado qué es economía y qué es política (para el bien de la primera)... que la economía de la historia no aprende.. que la política en la historia evoluciona... en fin. Pero sí vale la observación de ser los políticos más audaces los que más saben/supieron de historia... empezando por Perón y Frondizi, si buscamos figuritas conocidas.

Pero lo que nos convoca hoy es más específicamente una elucubración de pensamientos que me suscitó un párrafo con el que Juan José Llach, sociólogo, economista y padre del prestigioso (también) economista Lucas Llach termina un texto suyo. Más precisamente "El Plan Pinedo de 1940". Y dice...

"Si el fracaso de plan Pinedo puede ser visto como una victoria pírrica de la política sobre la economía -y fue pírrica porque en poco tiempo la victoria se convirtió en derrota para sus opositores-, la incapacidad del peronismo para dar al país una estrategia exitosa de industrialización puede ser considerada como un triunfo de la economía sobre la política, porque no era posible promover desde el Estado, aún con sólidos apoyos sociales, cualquier estrategia de industrialización basada casi exclusivamente en el mercado interno. [...]" (las cursivas son del autor)

Esa reflexión me pareció simplemente genial. Los términos "victoria de tal sobre tal", lejos de lo que puede sugerir gramáticamente, la veo como una excelente manera de mirar cómo se están complementando la política y la economía en tal gobierno, o si se quiere en "tal medida", aunque parece un poco más jugado.
Llach habla con el diario del lunes, es claro, lo cual debería disuadir a susceptibles de ofenderse por sentirlo "un bardeo a Perón", cuando de hecho (esto queda fuera del texto) Perón resuelve el problema (52 -55) y cae por cuestiones bastante distintas.

Resumidamente y al solo efecto de su comprensión: el Plan Pinedo de 1940 era un plan orgánico emanado del Estado diagramado mayormente por Federico Pinedo, bastante más lúcido que su homónimo hoy diputado del PRO. Este tipo veía que el modelo agroexportador no iba más, que volvía a desfavorecernos en el ´37 y que con el estallido de la guerra dos años después, se debían encarar reformas bastante radicales para transformar las actividades productivas internas y la manera de insertarse en el mercado mundial, con la nueva pretendida metrópoli: Estados Unidos.

El plan fracasó prácticamente en su totalidad, pero sólo por el momento, porque la gran mayoría de iniciativas que traía serían después tomadas por Perón como banderas propias. Llach dice que fracasó, entonces, políticamente, por estar proscriptos los radicales y a raíz de eso votar en contra en el Congreso. Una falta de pericia muy burda de los milicos del momento para incluir a los opositores de alguna manera, en algo tan importante como era un plan económico. (según Portantiero los radicales eran en realidad "pastoriles" y por eso votaron como votaron... lo que hoy se dice "retrasar 40 años".. bastante sugestivo, no?).

Como contrapartida, el mercadointernismo peronista que siguió. La economía se terminaba sobreponiendo a la política. ¿Por qué? Llach dice que por más base peronista que tuvieras, no se podía vivir del "boom de demanda" 46 - 49 con una economía crecientemente cerrada, sostenida por reservas que ahora escaseaban. Esto quedó demostrado por el cambio de rumbo a partir de principios de los ´50, hasta la caída. Sin olvidar el precio económico que se pagó.

Finalmente, es una tentación preguntarnos qué es lo que está pasando hoy en día. Si vamos a tener que lamentar una lección económica sobre ciertos puntos, como el tarifazo inminente sobre subsidios gigantes eventualmente insostenibles; o si lo que corresponde es mantener esos subsidios aprovechando que se pueden dar, aumentando el nivel de vida (por el momento por lo menos). O si es eficaz (a mediano plazo) que Moreno imponga precios máximos a punta de pistola. O si sirve crecer al 10%.

Todas cuestiones que mayormente la economía y el tiempo contestarán, pero en donde justamente la que manda es la política. Encontrar ese balance debe ser de lo más difícil, pero como guía debe ser bastante útil. A un economista por lo menos. Bah, mejor dicho a un economista que no quiere que la historia le diga "Yo te lo dije...".

lunes, 6 de septiembre de 2010

La Enfermedad Holandesa Evolutiva (EHE)

Hoy me levanté con la sabiduría de Krugman y la autoconfianza de Friedman. OK, no tengo nada de eso, pero estoy leyendo un libro GROSO-GROSO, al que le toca ser robado en el día de la fecha. "El desarrollo ausente", de Azpiazu y Nochteff, 1994. Y entre tantas genialidades para un perejil como quien escribe, que recién empieza a estudiar economía, me encontré con el asunto de referencia y me dieron ganas de compartirlo.

El libro analiza desde un planteo schumpetero-kaleckiano, para el que eso le aporte algo, el desarrollo (o falta de él, en realidad) de la economía argentina a lo largo de nuestra historia. Sus causas, consecuencias, actores, momentos y toda la bola. Al respecto quiero decir que el post anterior a éste se basaba en algo que este libro dice (casi tan explícitamente como lo dije yo, aunque mucho más conceptualizado y profundo) y que yo no había leído todavía!!! No me sirve de nada mentir, posta, lo había "observado" yo a partir de otro texto de otros dos capos, como Katz y Kosacoff. La situación me deja dos alternativas. Either soy un genio or alguien ya me lo había sugerido y mi memoria me jugó una mala pasada.

La Enfermedad Holandesa Evolutiva (EHE) se asume en el libro como sinónimo de Estructura Productiva Heterogénea (EPH), así como de MDS (Modelo de Dos Sectores). Para contar qué es vamos a decir de dónde nació el nombre.

En la década del ´60 Holanda encuentra grandísimos yacimientos de gas natural y petróleo alrededor del Mar del Norte. ¿A quién no le vienen bien recursos de este tipo? Bueno, la cuestión es que por aprovecharlo, fue tal el nivel sostenido durante un par de años de las exportaciones de estos productos que las divisas que entraron por ese lado terminaron formando un núcleo de reservas que depreciaron muy fuertemente el florín. La industria holandesa era hasta ese momento desarrollada y muy competitiva, pero ahora el tipo de cambio se situaba en la paridad de costos (marginales) de los sectores primarios (PCSP), no ya en la anterior paridad de costos (marginales) de los sectores industriales (PCSI). ¿Qué quiere decir esto? Que el tipo de cambio que garantizaba a la industria holandesa poder importar los insumos necesarios y competir con las importaciones ahora estaba mucho más apreciado; o sea, ahora eran más caras las importaciones de esos insumos necesarios y la industria estaba mucho menos protegida. Un país desarrollado se encontraba ahora exportando bienes primarios, sin valor agregado y con una industria "ineficiente".

El paralelismo con América Latina es muy claro, sólo que acá nada de esto fue sorpresivo; al contrario, todo esto es permanente. Decimos entonces que la EHE consiste en la abrupta diferencia escalonada de productividad de los sectores con más ventajas comparativas de una economía, contra la productividad de los sectores con más desventajas comparativas de la misma economía. De ahí que EPH y MDS se consideren sinónimos. Por si quedan dudas: los sectores en Argentina son, muy esquemáticamente, el de bienes primarios y el de bienes industriales. (los servicios ocupan el lugar particular de bienes no transables, que acá no desarrollo porque no me dan las putas ganas).

Lo delicado de esto es que es, justamente, evolutivo. El caso holandés fue excpecional. Pero en Argentina, donde los monopolios no innovan ni son transitorios (como en economías desarrolladas), sino que se mantienen por políticas gubernamentales que acompañan el comportamiento de la elite económica, que elige cada opción blanda de acomodarse a las oportunidades externas en cada período, que es cómoda, que no innova y se apropia de reservas de mercado que retrasan (en términos de Kalecki) la dinámica de crecimiento y desarrollo... bueno, en ese marco sólo nos queda el subdesarrollo, en el que, encima, si seguimos manteniendo como principal sector exportador proveedor de divisas al sector primario, va a seguir siendo la misma gauchocracia de siempre que se indigna leyendo "Pobre patria mía" la que oficie de árbitro económico y se beneficie de cada crisis, en la que la devaluación parece la única salida posible. El viejo y nunca bien ponderado Stop and go.

Ese vendría a ser un poco el tronco del libro. Eso último, el comportamiento de la elite económica, vendría a ser la causa más importante de no haber dado nunca el salto de ser una Economía de Adaptación Tardía a una Economía de Imitación Creativa, o mejor aún, una Economía de Desarrollo (en los términos de los autores). Y las retenciones a la exportación, UNA de las patas de la solución al problema, junto con subsidios explícitos a las exportaciones industriales y otras varias más.

Lo loco de esto es que Diamand (que, para que me entiendan mis amigos socialíticos, es a la economía argentina lo que Víctor Hugo es al periodismo), junto con Braun, haya descrito ya una forma de EHE sin ese nombre en el ´72 que los eruditos de los países centrales ni se gastaron en leer (y que mucho más tarde analizaron y bautizaron la EHE).
En realidad, el caso que le da el nombre al fenómeno, dicen los autores, podría ser considerado una variante de la "Enfermedad Latinoamericana", o "Enfermedad del Subdesarrollo".

Hasta acá llega la nota económica del día. Gracias por leer y que tengan buena vida.

martes, 24 de agosto de 2010

El patio del mundo

¿El granero o el taller? He ahí la cuestión.

Corrían años centenarios cuando en Argentina las actividades económicas por excelencia eran la ganadería y la agricultura. Bah, casi excluyentes. Por esos tiempos se acuñó la frase "El granero del mundo". Ni originalidad teníamos. Inglaterra ya se había autoproclamado "El taller del mundo", una vez sentidas las consecuencias de la revolución industrial, varios años antes. Esto no es menor, desde ya. Se podrá alegar el esquema de dominación del siglo XIX (todavía vigente) de David Ricardo y todo lo que quieran. Pero el presente post es sobre algo distinto.

A un estudiante de economía no puede menos que sorprenderle lo cíclico de ciertos fenómenos. Pero cuando ese "fenómeno" es nada menos que el comportamiento de la clase política de un país... epa, ya es otra cosa. Algunos dicen que la historia se repite. Otros dicen que la historia continúa. Yo no sé, el día que viva una historia completa y vea cómo empieza la siguiente les diré.

Pero por el momento, quiero destacar cómo históricamente en Argentina se fueron acomodando los nichos de valorización del capital y, si se quiere, la economía entera, sus actividades y recursos, a lo que intereses extranjeros querían que ocurriera.

No deja de sorprenderme. ¿Ingenuo? ¿Chocolate por la noticia? No sé. Soy conciente, como escribí en otros posts, que para que esto pasara tenía que haber, por lo menos, una clase dirigente/poseedora-del-capital-económico local lo suficientemente predispuesta a dejar que pasara (y, como sabemos, también ayudar a que pase). Pero ese no es el énfasis acá. No emano hoy ningún juicio de valor contra personas. No voluntariamente, por lo menos. La intención es mostrar, al menos en apariencia, nuestra evolución, caídas y características de cada modelo de acumulación para poder preguntarnos qué viene. Qué nos espera. Esa es la intención.

Modelo agroexportador: Tratado D´Abernon, 1929. Tratado de Roca-Runciman, 1933. Control de cambios y medidas para-arancelarias. Todas políticas para salvar el modelo en clara caída, a favor de la metrópoli del modelo: Inglaterra.

Modelo industrial: época de Frondizi, fines de los ´50, principios de los ´60. Esta vez con la otra metrópoli, la de este modelo de acumulación: Estados Unidos. Para ilustrarlo bien breve, palabras del presi de General Motors, Donner: "Para GM, así como para varios otros fabricantes de vehículos, la alternativa era producir en Argentina o retirarse del mercado". Muestra de la búsqueda de rentas oligopólicas que ofrecía Argentina en la plaza de producción que eligiera el gobierno.

Modelo financiero: qué decir de este modelo, tan contundente como la bandera de los negociados con los países subdesarrollados? El origen de la deuda externa (como problema incontrolable), también en palabras del mismo Martínez de Hoz, tuvo este mismo carácter. Esto está explicado en el post de un blog muy bueno, didáctico y de requete-chupete.

Bien conciso y sin desarrollar (porque no es la idea y se me van a dormir todos), es claro cómo se moldeaba nuestra "actividad económica" de acuerdo a lo que las potencias querían. No es ninguna primicia, pero lo que sí es revelador es cómo esas medidas eran síntoma (caso 1) o causa (caso 3) de la caída del modelo. El caso de las industrias del desarrollismo no me animo a decir que fue perjudicial a largo plazo, pero sí que representó el tronco económico por el cual ese gobierno no se sostuvo.

Dicho esto, ¿qué cabe pensar hoy en día? No me animaría a decir en qué modelo (por lo menos tan puro como se los esquematizó) estamos en este mundo globalizado. No hasta que lea a algún groso decirlo, por lo menos, como copié todo lo que escribí hasta ahora.

Pero.. sí se lo puede encarar desde el lado de América Latina. Hasta ahora me referí exclusivamente a Argentina, cual titular vendepatria de Clarín que resalta a Brasil y denosta a Argentina. Pero lo más probable es que a nivel continental (excluyamos a los bananeros centroamericanos) se esté dando un proceso de cortar lazos de dependencia económica. Esto no es joda, es histórico y es para aprovechar la oportunidad. Y es una oportunidad porque, por lo menos a nivel nacional, si se compara la estructura económica de hoy en día con la de cada uno de los momentos citados, o hasta yo diría con prácticamente cualquier momento en nuestra historia excluyendo el primer peronismo... nunca fuimos tan independientes. ¿Mérito? ¿Contexto? ¿Un poco de los dos? El eterno debate peronista...

Gracias UBA y gracias por leer.

martes, 13 de julio de 2010

El mal menor

Ufff, discusión si las hay. Estatización de las AFJP, ley de medios, AUH son medidas que cualquier "progre" que se digne de tal no dejaría de estimar. Ahora: el mal menor... ¿existe o no existe? En este sentido creo que es comparable con las dicotomías: democracia sindical-poder de negociación; trabajo en negro-......trabajo (?) y alguna otra que se me escape por ahí. Cuestiones todas que mi capacidad de análisis, cual martillo neumático, ya se encargará de desempolvar... si le dan los huevos.

El meollo del asunto fue mencionado ya por arriba en este post, y llegó a mí por medio de la Revista Barcelona. Se trata de decidir si existe el llamado "mal menor": la opción política que no nos satisface 100%, pero realpolitik-mente, es la que más se salva.

Hoy en día la línea editorial de la revista cataloga así al gobierno de Cristina Fernández y varios lectores concuerdan. Incluyéndome.

Y ahí empieza el debate. Yo mismo, en algún post que no vale la pena buscar, declaré estar en contra del "voto útil": decidir no votar a TAL por saber que no tiene posibilidades de ganar. OK, quiero aclarar que esto es distinto. Esto es realmente, y siempre en el plano de la calidad, creer que tal es menos malo que otro. Pero la clave está ahí. En recordar que es menos malo. Que si bien es una manera pseudo-cínica de decir mejor, no deja de ser eso. Malo. Mala la idea, mala la construcción, lo que se quiera pero no mala la opción. Es, justamente eso, la mejor opción.

Lo relevante de este asuntico es, como siempre, sus efectos. Alguien que se niegue a aceptar la teoría del mal menor podría, por ejemplo, terminar como Pino. Al margen de la lectura alternativa de que ProyectoSur bardea al gobierno por izquierda porque le es más rentable que bardear a la derecha (muy factible también); si suponemos que tratamos con conciencias limpias, pudimos ver a Pino sentado muy cómodo con Grondona, por ejemplo.. (para orgasmo de Barone) haciéndole el juego a la derecha.
¿Qué pasa con eso? ¿Pino cree de verdad que es lo mismo Kirchner que Menem? ¿Que es lo mismo que De La Rúa? ¿Alguien de verdad cree eso? Esas son posibles consecuencias de no aceptar la teoría del mal menor.

No aceptarla, además, puede tomar la forma del "nada más burgués que la revolución socialista nos viene bien". Paremos un poco. ¿Alguna vez nos preguntamos hasta dónde toleraría la sociedad? ¿Nuestra sociedad, que desabasteció cuando le capturaron parte de la renta extraordinaria? Porque, no nos confundamos, la sociedad somos todos eh. Los fachos, los progre, estancieros, laburantes, oficinistas, cartoneros, clase media. Todos.
¿Cuán progre somos? Esa es una pregunta clave. Obviamente incontestable cuantitativamente, pero que sirve para estos casos, para recordar que por ahí por algo se empieza. Después hay que seguir.

Aún considerando que es imposible satisfacer a todos, el punto acá no es ese, sino ver qué es lo viable políticamente, no lo que me guste a mí. ¿Qué? Ah, ¿que para eso hay que pensar y estar informado antes de criticar? ¿Cómo, y nosotros no lo hacemos? ¿No? Ah, perdón, me debo haber confundido de opinión pública entonces.

Volviendo, es sano acordarse que existen también los Gioja, los Capitanich, los Scioli, tipos de derecha (bah, a Scioli, lo que le quede de la suya) que el Gobierno tiene de aliados comerciales y políticos incondicionales. Y cuando hablo de comerciales, digo tanto legal como ilegal. O ilegítimo, si se quiere, como las concesiones para la explotación de minas a la Barrick en San Juan [depende de si sale la Ley de Glaciares (y Cristina no la veta) o no].


Y sumando a esto, se tiene que aclarar también que para estar de acuerdo con el abigotado jefe de gabinete en que las medidas que toma el gobierno NACIONAL Y POPULAR son revolucionarias, habría, por lo menos, que tomar de la misma merca que él. Pero, acá hay otra clave, no por no ser lo que el gobierno dice ser, deja de ser el mal menor.

No se tiene que perder de vista lo que sería revolucionario. Se dieron cambios que ningún otro gobierno del 83 para acá estuvo ni cerca de lograr. Medidas democráticas, como la Ley de Medios, medidas progresistas, como la intentona (!!!) de las retenciones y medidas paliativas, como la AUH. Ahora: ¿revolucionarias? Como diría Cabito: "Revolucionario es otra cosa...". Revolucionario es reforma fiscal, es política industrial, (gracias homoec.), es gravar renta financiera, etc. Pero, repito, no por eso, hay que dejar de valorar lo que se está haciendo. Hay que tratar de hacer la escisión: no perder de vista hacia dónde se debería ir; pero también ir paso político por paso político hacia ahí, construyendo el camino que se pueda. Después de todo no olvidemos que todo esto queremos que se dé en el marco del juego político. Estamos todos de acuerdo en que no queremos salir a cortar cabezas, ¿no?

Desde el otro rincón, se puede decir que la teoría es conformista y se nutre de un análisis político estático. Que, por ejemplo, alguien en 1995 se podría haber preguntado cuán anti-menemistas se podría haber sido; y sin embargo el menemismo hoy día tiene la connotación que tiene. Que se analiza la capacidad de maniobra de la opinión propia dentro de límites políticos preestablecidos sobre los que uno no tiene injerencia, lo cual sí sería efectivamente conformista. En criollo, que uno se conforma con lo que hay.

Particularmente, creo que uno se conforma con lo que, por ahora, puede haber, no con lo que "hay". La crisis de representatividad está a la orden del día, y hasta que aparezca algún otro partido político con el cual uno se sienta más representado, creo que lo más racional es juzgar real y "utilitariamente" si se me permite la expresión (para dejarnos de joder un poco con tanto idealismo) al que resulte el mal menor. Producto de MI juicio, por lo menos, surge que el mal menor son unos peronistas de mierda (porque hay de otras especies, aunque Ud. no lo crea), oportunistas e hipócritas sin escrúpulos. Pero son el mal menor. Y por suerte hoy en día gobiernan.

Finalmente, cabe aclarar que en vistas de las elecciones en 2011, tengo esperanzas que surja algún otro partido con cuyos valores uno se pueda identificar y sentirse parte. Pertenecer. Me animo a decir que en concordancia con lo expuesto, Martín Sabbatella y su Nuevo Encuentro habla de un "piso y un techo" construido por los Kirchner. Y que es tan importante agrandar ese techo como proteger ese piso. Para pensar...

Y vos, chabón... ¿de qué lado estás?

domingo, 13 de junio de 2010

Essay on political economy

"La fuerza de los conceptos clásicos, como hemos observado, proviene del servicio que prestan a los intereses creados y a los intereses profesionales cuyo poder creía Keynes inferior al de las ideas. Cuando contemplamos el futuro de la economía, lo primero que debemos destacar es el persistente triunfo de la teoría clásica."

Con este pasaje del anteúltimo capítulo de "Historia de la Economía" (John Kenneth Galbraith) se abre este post. El autor se pregunta cómo es que la teoría clásica sobrevivió tantos años y, aún hoy, sigue renaciendo con renovado prestigio e importantes exponentes, siendo que es VISIBLEMENTE insostenible y claramente inconsistente.

Primero, veamos cómo argumenta Galbraith en contra de esta corriente. Teoría clásica, neoclásica, monetarismo, liberalismo, neoliberalismo. En términos económicos vamos a asumir que son todos sinónimos.

1) Falacia de la composición: citando a Adam Smith, se demuestra cómo se intenta trasladar el carácter prudente de "nunca fabricar en casa lo que le salga más barato comprar [...] y lo que es prudente en una economía doméstica, difícilmente pueda resultar insensato en la de un gran reino". En palabras de Galbraith y refutando a A. Smith, una sabia política pública, con toda su diversidad de necesidades y con toda su complejidad, no tiene por qué coincidir con las reglas que rigen a una familia.
A esto refuerza el autor cuando dice (por el final del libro) que "en la economía moderna la producción es importante, no por los bienes que produce, sino por el empleo y por los ingresos que proporciona", dándole la razón en ese sentido a Keynes. Aunque por ahí el lord se haya ido un poco a la mierda al declarar (según mitos) que "el estado tiene que emplear a un tipo para que haga un pozo... y a otro para que venga atrás y lo tape" (genio de la eficiencia).

2) La inexistencia de una teoría sobre las depresiones: la teoría clásica, por su naturaleza, excluye las causas relevantes por las que se podría provocar una depresión. Ergo: imposible que pretenda explicarlas y obviamente mucho menos subsanarlas. Si la ley de Say dice que nunca se pueden almacenar mercaderías sin vender, ¿por qué habría de producirse una crisis (deflacionaria)?

3) En situación de explicar los resultados en tanto ideas económicas y consecuencias económicas (¿el huevo y la gallina?) de la Gran Depresión, Galbraith muestra que es terminante la baja aceptación que tiene el sistema neoclásico en los países supuestamente exponentes del mismo. Por ejemplo: subsidios, aranceles, etc. "...la historia de la economía en tiempos recientes demuestra bien a las claras que el sistema clásico de mercado ya no se tolera ahí donde se presenta en su forma más pura", refiriéndose a Suiza, Austria, Japón, E.U., UE, etc.

Estos son algunos, o los más claros argumentos "objetivos", si se quiere, que se exponen contra la teoría clásica. Acto seguido: lo más natural sería preguntarse cómo carajo es que sigue teniendo vida y se sigue renovando una corriente que; actualizaciones más, actualizaciones menos, no sale del marco conceptual que la vio nacer y que es precisamente el elemento más atentatorio contra su consistencia. Como la respuesta pareciera bastante cantada, nos preguntamos entonces también qué otros factores ayudan a esta inconsistencia de la corriente. Galbraith, ¿qué tenés para decir?

1) El compromiso de los intelectuales con los dogmas establecidos. Interesante la aparición acá de la palabra "dogma", para denotar (epa!) con la mayor claridad el velo cuasi-religioso que existe sobre esta corriente. En otras palabras, es la simple reticencia al cambio. A reconocer que lo que uno aprendió estaba mal (porque, recordemos, la enseñanza básica generalizada pertenece a la teoría clásica).

2) La pretensión de considerar a la economía una ciencia. Acá me quiero detener, porque es probablemente el factor que más me indigna.
En el ámbito académico donde se defienden las ideas (incluyendo las económicas), la pauta científica históricamente las marcaron las llamadas ciencias duras. Los economistas aspiraron siempre a tener el prestigio de precisión intelectual de un físico, un biólogo, o algún capo-capón por el estilo. Y para hacerlo se vieron con la necesidad de presentar sus conocimientos como "científicamente verdaderos", o sea, válidos, inmutables. ¿¿¿¿¿QUIÉN CARAJO LOS MANDA????? ¿Qué necesidad hay? Este quizá sea el factor más cultural de todos. Al pretender esto se cae en la paradoja inevitable: una ciencia social como la economía se debe actualizar en tiempo y espacio para no obsolescer. En tanto no se reconozca su esencia y carácter social, se intentan demostrar verdades perennes (!!!) que no tienen por qué ser tales; se excluye a la historia (y a la política) del estudio de esta disciplina y se la pasa a asociar directamente con la matemática, para que de paso se amplíe la distancia entre profanos que no tienen por qué entender de economía... y los intelectuales que "marcan tendencia" de lo que es visto como verdad económica y lo que no.

Vale citar acá palabras de J.K.:
"La separación entre la economía y la política y las motivaciones políticas [...] es una fuente principal de errores y confusiones en la orientación de la economía. Ningún libro sobre historia de la economía puede concluir sin expresar la esperanza de que la disciplina vuelva a unirse con la política para volver a constituir la disciplina más amplia de la economía política. [...] No ver a la economía como una acomodación constante y renuente al cambio es una fórmula segura para la obsolescencia y el error acumulativo. De esto también nos ha contado bastante la historia."

Lo extenso de este punto fue para dejar en claro que es este aspecto el que, para hablar en criollo, más me rompe las pelotas de la corriente clásica. (por si quedaban dudas, lo hacemos explícito)

3) La llamada "fuga técnica de la realidad". El supuesto fundamental de la teoría clásica, a saber: la libre competencia de mercado y todas sus actualizaciones, se presta al refinamiento matemático, al igual que todos los demás supuestos de la corriente. Pero su objetivo es siempre la coherencia interna, y no el correlato con la realidad. Se demuestra válido solo a nivel intra, por una simple razón: la complejidad de la realidad no se presta a la formalización matemática.

4) Y el último factor es respuesta además a cómo esta teoría se mantiene en pie. Sí, los intereses económicos. En la economía moderna, ya no se contraponen primordialmente burguesía y proletariado, sino que la antagonía fundamental es la empresa contra el estado. La importancia de la preservación del modelo neoclásico radica en que, en ese sistema, con el mercado funcionando óptimamente, son los partidarios de la intervención del estado los que se tienen que justificar, y no al revés. Toda intervención será a costa de la empresa económica y menoscabará su autoridad, o su autonomía, en caso que no la reemplace directamente.
Un ejemplo concreto de esta situación es la solución del monetarismo a la inflación: el tan oído ajuste, que se quiere hacer aparentar como socialmente neutral. Lo que se hace es elevar las tasas de interés a cifras excesivamente altas, favoreciendo a quienes se dedican precisamente a prestar plata. Y, oh casualidad, esos son los más opulentos! De cada crisis una oportunidad, ¿no?

En otras palabras, con la supervivencia de esta corriente, se resguardan los ingresos empresarios, ocultando el poder que ejerce como algo natural la empresa, al argumentar en realidad que el mismo pertenece al mercado.

Y así concluimos. Si queda algo por decir es simplemente expresar mi deseo que ESTO SE ENSEÑE EN LA FACULTAD. Y que nos dejemos de joder con la "economía palabra santa" y se escriba sobre esto un poco más en criollo, como Galbraith. Que no va a venir nada mal para despertar interés.

Muchas gracias por leer; a los lectores no económicos más que nada.